«Es fundamental que la industria ofrezca salidas reales a los residuos que se generan»

En nuestra búsqueda por entender cómo la arquitectura contemporánea abraza la economía circular, conversamos con Gracia Amandi y Jorge de Uña, fundadores de Uña + Amandi Arquitectos. Con una visión honesta y profundamente arraigada en el sentido común, los arquitectos nos explican cómo ven el futuro de la sostenibilidad aplicada ala construcción y cómo la industria debe evolucionar para certificar el reaprovechamiento de residuos.

Descubre su experiencia conociendo Rice Tab y su reflexión sobre el futuro de una arquitectura que, entre la tecnología y lo vernáculo, busca ante todo ser humana y responsable.

En vuestra práctica como arquitectos, ¿cómo integráis criterios de sostenibilidad en el día a día?

En el día a día, la sostenibilidad empieza casi siempre por intentar reducir residuos y aprovechar al máximo lo existente. En rehabilitación solemos mantener estructuras de madera, restaurar carpinterías o reutilizar elementos siempre que sea posible, porque tenemos muy claro que el material más sostenible es el que ya está colocado. Sabemos que no siempre es fácil —faltan almacenes, circuitos y certificaciones para el reaprovechamiento—, pero creemos que ese análisis previo es una responsabilidad básica del arquitecto.

Al mismo tiempo, damos mucha importancia a las estrategias pasivas. La orientación, las ventilaciones cruzadas, el control de sombras, el arbolado de hoja caduca que protege en verano y deja pasar el sol en invierno, o el propio encaje del edificio en el terreno son decisiones que reducen de forma muy significativa la necesidad de climatización. En proyectos como el club de tenis de mesa de Monteporreiro, donde el edificio se plantea enterrado, estas decisiones arquitectónicas permiten reducir mucho las exigencias

energéticas. Para nosotros, la sostenibilidad no empieza en la máquina, sino en la forma, la posición y la lógica del edificio.

¿Qué obstáculos creéis que todavía frenan la adopción de soluciones circulares en proyectos de arquitectura?

Uno de los grandes obstáculos es la falta de estructuras reales de reaprovechamiento. En obra se desechan muchos materiales que están en buen estado, pero no existen circuitos claros para recuperarlos, almacenarlos y volver a ponerlos en uso con garantías. Todo el sistema está pensado para desechar, no para reutilizar.

Además, existe una paradoja importante: para garantizar una calidad mínima —algo absolutamente necesario— exigimos sellos, certificaciones y trazabilidad de origen que, en muchos casos, impiden el reaprovechamiento de materiales perfectamente válidos. Nos recuerda mucho a lo que ocurría hace años con la electrónica. Hoy todos entendemos qué es un móvil o un ordenador refurbished, con controles de calidad y garantías. ¿Por qué no pensar en algo similar en la construcción? Almacenes de materiales reutilizados, revisados y certificados, que permitan cerrar de verdad el círculo.

Mirando hacia el futuro, ¿qué tendencias en arquitectura sostenible consideráis más determinantes a medio plazo?

Vemos con bastante claridad dos caminos muy distintos. Por un lado, una vuelta a lo vernáculo, a construir con técnicas sencillas, casi ancestrales, y con materiales de proximidad: tierra, paja, madera, sistemas que funcionan por lógica climática y sentido común más que por tecnología. Es una arquitectura humilde, muy ligada al lugar, pero también muy honesta y, sobre todo, accesible.

En el extremo opuesto está una sostenibilidad cada vez más sofisticada y tecnológica: edificios hipercontrolados, llenos de sistemas, sellos y dispositivos que prometen consumos casi nulos. El problema no es que estas soluciones no funcionen, sino preguntarnos para quién funcionan. 

Si la sostenibilidad solo es viable para unas pocas economías, deja de ser una solución global. En un mundo donde gran parte de la población vive con recursos limitados, quizá el futuro pase menos por edificios cada vez más complejos y más por recuperar arquitecturas sencillas, replicables y capaces de llegar a muchos más lugares.

¿Qué sensaciones os llevasteis tras conocer de cerca el proceso de fabricación de RiceTab?

Somos unos arquitectos que valoramos mucho las cualidades sensitivas de los materiales, más allá de su apariencia o sus prestaciones mecánicas. Su tacto y olor son cualidades fundamentales. En el caso de Rice Tab, al estar hecho a partir de la cáscara de arroz, que es un material de grano pequeño, resulta amable, sin aristas ni asperezas. El olor es neutro y no desprende polvillo. Creemos que eso lo hace muy adecuado para su uso en mobiliario o superficies de proximidad.

¿Descubristeis algo en Birdmind que os sorprendiera o que no esperabais encontrar?

Nos sorprendió comprobar que el planteamiento no se limita a la cáscara de arroz, sino que se está aplicando la misma tecnología a otros residuos, como los procedentes de la industria textil, que hoy en día representan uno de los mayores retos ambientales. Eso conecta mucho con nuestras propias preocupaciones como arquitectos: no basta con gestionar bien la obra, también es fundamental que la industria ofrezca salidas reales a los residuos que inevitablemente se generan.

Desde vuestra experiencia, ¿cómo pueden contribuir materiales como Rice Tab a transformar el diseño arquitectónico?

Materiales como Rice Tab pueden jugar un papel muy importante porque ofrecen una alternativa real en un contexto donde no siempre es posible reutilizar elementos existentes. En esos casos, trabajar con materiales procedentes de residuos, con procesos claros y controlados, permite seguir tomando decisiones coherentes. No sustituyen la rehabilitación ni el reaprovechamiento, pero sí ayudan a cerrar el círculo cuando es necesario incorporar material nuevo de una forma responsable.

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